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¡Gracias de todo corazón!

Estoy aquí para serviros.

Siendo Duque del Altozano por real orden y resucitado por Divina Gracia en el año de nuestro señor 2.015, recibido he de Dios el mandato de ayudar a los destrozados corazones, que no al dolor que pudiere haber debajo de los calzones. Por ello os digo que si necesitáis de mi experiencia en terreno de conquistas, a la que debo ser un blanco mirlo y no un ser humano, mis consejos pidáis. Necesario no creo deciros, que mi noble espíritu el honor siempre ha defendido con la vida, por lo tanto discreto seré con aquellas personas que decidan recurrir a los consejos que os servirán para el amor de vuestra pareja. Así pues quedo a vuestra disposición.

El Duque del Altozano

E-Mail    elduque@fernandocotta.es

Capítulo I  Descargar en formato PDF para leerlo en tu tablet

Mirlo fantasma

El Duque nos pone en Antecedentes

Gustaríame dar a conocer que en mi otra vida no fui descortés, menos aún con señoras o señoritas, ¡todo lo contrario!, siendo como siempre he, un hidalgo caballero que a su paso rendía mi sombrero enviando una grácil sonrisa y un saludo muy cortés .

Con elegancia y el porte bastábame para la atención llamar, de manera que así comenzó todo. Como soldado de los viejos tercios aprendí en la camarada, que proteger debes a tu compañero, ¡y así pasó! Quien me conoce en las dos batallas sabe que siempre cumplo y cuido su espalda, pero ya saben vuestras mercedes que nada tiene que ver la de un fiero guerrero empuñando pica, arcabuz o el acero de su espada en medio de la sangre de enemigos que quieren enviarnos a criar malvas…, a la de una delicada dama o damisela, ¡ahí, pierdo el alma!

Lengua nunca me faltó para lo bueno y para lo malo…, pluma tampoco, así que en cientos de ocasiones quien pedía consejo de faldas llevábase una bella carta a su princesa y con el tiempo, ¡pardiez!, ¡lo que jamás imaginé!

Algún despistado por solicitud de una bella señora, contó que había un poeta que en prosa castellana expresaba en temas de amor, ¡lo que le daba la gana!, pero que grandes eran los resultados, pues no se conocía fracaso tras el contenido plasmado con su tinta, todo lo contrario, a partir de ahí el camino era un rosario para quien con sabia había pagado esas palabras cargadas de ternura y pasión.

Corrióse la noticia como la pólvora y desde ese preciso día, al rendir mi ala ancha y regalar la sonrisa con un…

-¡Buenos días señora!, “a sus pies van creciendo pétalos de amor” o “sin su presencia la vida no es sueño”, “mi corazón por un suspiro”. -¡He aquí unos ejemplos!

Lo que antes quedaba en simple galantería, convirtióse de pronto en esencia de bellas, tiernas y dulces fechorías, ¡pero no piensen mal!, se lo ruego, que siempre avisé del problema que tenía con el corazón, ¡perdón!, en plural que eran dos y ambos dispuestos a dar el cariño solicitado a base de pasión y devoción.

Así pues y visto el resultado, convertíme para unos en un hombre de cuidado y para otras, un tierno hidalgo que quiere ser amado. Esta es la historia que describo de la realidad y que ahora por Divino decreto he de arreglar.

 

La pluma del Duque del Altozano.

Cuanta alegría alberga mi corazón cuando veo que entran mis amados lectores, ¡o amadas!, ¡caray!, que adaptar me toca la pluma a la realidad de hoy.

Deciros quiero y necesito, que obligado me he visto a plasmar sobre el papel si así fuere o con un teclado que también vale, las venturas y desventuras de un curioso emplumado, quién acercóse y posó frente a mi hablándome  en viejo castellano actualizado.

Hoy y después de escucharle en gran número de ocasiones, aún pienso… si se me estará yendo la cabeza o mejor dicho, ¡lo que aún quede de ella!

Debéis saber que al principio me negué para no ser dado por loco, pero tan elocuente, simpático y constante fue, que al final ganóme la partida, así pues, libertad les dejo para juzgarme pero sobre todo, para que vuelen sus excelencias por otros mundos disfrutando del gracejo e historia de tan ilustre personaje.

¡Ave que vuela a la cazuela!, así se lo dije en un mal momento. Desde entonces callo y escucho, ¡que tiene mal carácter el avecaballero!, no obstante es más lo que me da en aderezados y azarosos consejos el del blanco y anaranjado pico, que en sustancia y sabores, así pues y para vuestras venias, preséntoles al Duque del Altozano, un hidalgo caballero que en otros tiempos, allá por el siglo XVI fuere un gran soldado de los viejos tercios de Flandes y el mayor de todos los conquistadores habidos y por haber, ¡a damas y doncellas me refiero!

Suéltense por ello sus señorías, que como antaño ya bien se decía, la vida sueño es, por ello les brindo las hilarantes venturas y desventuras de quién obligado se ve a cuidar del corazón de otras y otros sin poder pensar en el el suyo, ¡al del calzón…, claro está!

Sepan que cumplir debe y con obediencia para purgar la lujuria de sus pecados en ésta pájara vida que ahora le ha tocado, con pulcra gentileza ayudando a quien necesitare a encontrar su eterna pareja, pero no según su costumbre, sino la de las Santas Iglesias o Juzgados, así pues, si un consejo da que no lleve este camino, condenado se verá al averno, conociendo el infierno y al demonio…, que por detrás le dará.

Un fuerte abrazo y besos para quien proceda,

Fernando Cotta