Fernando Cotta

Érase una acaldesa de caradura armada…

Érase una alcaldesa de caradura armada, de ideas con brotes y de brotes sin ideas que al pueblo a base tiña embaucaba.

Dominadora de fieras en jaulas de otros tiempos y ahora regente y por sus talentos, quiere a los de la villa como si de villanos se tratara. Ahora les obliga a ir en una sola dirección para sentir en sus fueros la imperiosa necesidad de palpar y demostrar cómo se trata al ganado y humilla al cordero, sin saber que los gatos tienen siete vidas bien paridas y no la de una…, de mal agradecida.

Multar a quien no obedece por ir andando en otro sentido, su mayor y mejor regalo a unos lugareños siempre agradecidos, ahora por el centro de Madrid no te des la vuelta, si lo haces eres lobo y no oveja y estos menesteres nada gustan a la fiera.

Al cielo ya no irán esos ganaderos que por ciencia no saben inculcar, sino ordenar y mentir a boca llena con gentiles apariencias mientras por esas esas lenguas sueltan fétidas desvergüenzas ya descubiertas.

“Sabido es que, quien a todos quiere controlar a la mayoría se enfrentará”.

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