Fernando

La pluma del Duque del Altozano.

Cuanta alegría alberga mi corazón cuando veo que entran mis amados lectores, ¡o amadas!, ¡caray!, que adaptar me toca la pluma a la realidad de hoy.

Deciros quiero y necesito, que obligado me he visto a plasmar sobre el papel si así fuere o con un teclado que también vale, las venturas y desventuras de un curioso emplumado, quién acercóse y posó frente a mi hablándome  en viejo castellano actualizado.

Hoy y después de escucharle en gran número de ocasiones, aún pienso… si se me estará yendo la cabeza o mejor dicho, ¡lo que aún quede de ella!

Debéis saber que al principio me negué para no ser dado por loco, pero tan elocuente, simpático y constante fue, que al final ganóme la partida, así pues, libertad les dejo para juzgarme pero sobre todo, para que vuelen sus excelencias por otros mundos disfrutando del gracejo e historia de tan ilustre personaje.

¡Ave que vuela a la cazuela!, así se lo dije en un mal momento. Desde entonces callo y escucho, ¡que tiene mal carácter el avecaballero!, no obstante es más lo que me da en aderezados y azarosos consejos el del blanco y anaranjado pico, que en sustancia y sabores, así pues y para vuestras venias, preséntoles al Duque del Altozano, un hidalgo caballero que en otros tiempos, allá por el siglo XVI fuere un gran soldado de los viejos tercios de Flandes y el mayor de todos los conquistadores habidos y por haber, ¡a damas y doncellas me refiero!

Suéltense por ello sus señorías, que como antaño ya bien se decía, la vida sueño es, por ello les brindo las hilarantes venturas y desventuras de quién obligado se ve a cuidar del corazón de otras y otros sin poder pensar en el el suyo, ¡al del calzón…, claro está!

Sepan que cumplir debe y con obediencia para purgar la lujuria de sus pecados en ésta pájara vida que ahora le ha tocado, con pulcra gentileza ayudando a quien necesitare a encontrar su eterna pareja, pero no según su costumbre, sino la de las Santas Iglesias o Juzgados, así pues, si un consejo da que no lleve este camino, condenado se verá al averno, conociendo el infierno y al demonio…, que por detrás le dará.

Un fuerte abrazo y besos para quien proceda,

Fernando Cotta