Fernando Cotta

Los tiempos de El Duque del Altozano de soldado.

En los próximos post iré colgando temas de cuestión para conocer al personaje de El Duque del Altozano antes de ser lo que ahora es, un mirlo blanco que por las Españas va viajando.

Espero que quien lea lo que se va a ver, entienda que en esa primera fase intentado he de plasmar las maneras de aquellos tiempos, hablo del famoso siglo de Oro de las letras y de la historia que tanto nos dio, y de los que muchos nada quieren saber.

Es de Ley conocer las crónicas, empaparse de ellas para entender de qué pasta estamos hechos, no por ello, quiero decir ensalzar los errores, que como en todas las épocas y países, los hubo, sino mostrar el carácter de aquellos militares honrados en la guerra y la amistad, y…, en fin, que en muchas ocasiones viéndose con la bolsa vacía, otro remedio no les quedaba que buscarse la vida, unas veces de estocada que te doy, otras las que se llevaban, y los acostumbrados a lidiar entre sábanas, a base de consejos y cortejos para ayudar a sus camaradas o bien, a quien pusiera sobre la mesa lo que en ese momento interesaba.

Por último deseo indicarles, que una cosa es la tinta que se plasma y otra muy diferente la sangre del tintero, así pues, queridas y queridos lectores, con el pájaro a dos patas les dejo.

He aquí consejos para lidiar en épocas de sequía, que también las había. 

—Unos pequeños consejos, y luego un periodo de entrenamiento, que ahí está el sustento. Debe empezar por olvidar la vergüenza, andar erguido y parecer sin serlo…, un sinvergüenza. Esto no es tarea de diez minutos, pero empecemos.

—Al porte y la desvergüenza debe añadir la etiqueta, ésta, clara y concisa, y que se note la piruleta.

—!Pardiez, D. Ferrando!, que armado estoy, pero llevo daga, y en este terreno la pica no es viable, que para marcar, marco, pero, ¿pero y luego?

—Si lleváis daga, simulad una espada. Luego Dios dirá, utilizad vuestra cordura, saber e inteligencia con un toque de zorrería, humor, un par de versos, y ya entrados en calor, mucha prosa, agua de Lanjarón y limonada de Moya para vuestra merced. Para ella, algunos mejillones, almejas y un buen vino blanco, que abre el apetito, ¡a veces con espanto!

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