Fernando Cotta

Platero, El Capitán y yo.

Platero, El Capitán y yo.

Hoy es un día aciago, jornada de balances, pérdidas, ganancias y desastres. El desenlace final de un compañero de batallas, un guerrero en toda Ley y reglas del juego, cabezón como burro, pero…, hoy se llevan a mi Platero al cementerio.

Todo llega y se va de distintas maneras. Aparecen como caídos del cielo y la brisa te trae alegría por camarada y de pronto, todo vuelve a su destino, el cretino del tiempo y del desgaste, todo lo puede.

Platero, contigo tuve momentos de discusión. A veces no tenía otro remedio y para arrancar ese tierno y duro corazón te mordía la oreja. Otras contigo hablaba a las riendas dándote ánimos para continuar el sendero y devenir de las letras. -¡Tira Platero, ánimo soldado, échale un cable Capitán!, el cabrito este no puede, ¡vamos soldados de  los Tercios, vamos! Y de pronto las cuestas arriba eran llanuras mirando el cielo. Tres guerreros tirando hacia el horizonte. ¡Qué maravilla!

-Platero, leches, pides mucho de comer. Ya, ya lo sé, la energía es necesaria, ¡pero coño!, alivia un poco el bolsillo de esta pluma, ¡caray!, a veces ni queriendo se puede.

Y el burro verde Guardia Civil aprovechaba los vientos de cola para reducir los consumos. -¡Ay, Platero, te vas, cabrón, te vas!

Es fácil entender a Juan Ramón Jiménez. El suyo era un equino, el mío lleva cuatro ruedas pero las conversaciones son las mismas desde aquel 7 de julio en que por Divina providencia llegó a mis manos de las mejores del mundo conocido y por conocer.

¡San Fermín!, y a los toros, querido amigo, tú, El Capitán Trueno y esta tinta recorriendo los alberos con gracia, y dándolas por llegar a los sitios.

Ahora llega la tragedia, la despedida, querido pollino, el adiós de un cuerpo que quiere seguir dando batalla por las carreteras de todo el universo, pero con esos gases, no hay manera. No quieren abrir una vía especial para ti en las ciudades para hacerte los merecidos honores de un cruzado por la vida, un amigo sin complejos, cabezón, pero todos tenemos nuestras cosas.

-¿No es así, Platero? Que se lo digan al Capitán, 19 años entre su cuerpo y el tuyo surcando los mares de la esperanza. Tres batalladores de sueños, valientes con tesón, coraje e ilusión volando entre un mundo de nubes grises por los avatares de quien lucha a vida o muerte por llegar al jardín del Paraíso ganado y que sin embargo, el muy…, cuando está cerca de pronto se aleja. Aún así siempre con las picas mirando al frente, sonrientes y fieles ante los tormentos del futuro. ¡Qué tiempos!

Hoy sigo los mismos caprichos, querido borrico y a ti, Capitán Trueno. Hoy os quedaréis conmigo, el tiempo pasa, pero llega y pronto, antes del espacio, los tres volveremos a cabalgar fieros por nuestros fueros, buscando el destino y llevando alegría, sonrisas y esperanza a quien nos conozca.

Solo es un cuerpo, Platero, el Capitán lo sabe, duró un poco la áspera travesía, pero llegó con fuerza, coraje y alevosía por la vida.

¡Adios Platero!, tu alma se queda conmigo y el Capitán Trueno.  ¡Adios, burro querido, adiós!, y que el destino te guarde en el museo de los tiempos. Aún así, querido amigo, ¡Cuán duro es este trance, cuánto!

 

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